KRISMÁTICA

El tintero de Krisma Mancía

17 de agosto de 2016

Krisma y Rafael 21-01-0305

Por Krisma Mancía.

Rafael, amor. El viento en las vidrieras, ¡amor mío!*

Hace 14 años celebramos juntos por primera vez tu cumpleaños. No llevé ningún presente. Me convencí con que bastaba creerme que yo era el regalo perfecto envuelto con ese papel de embalaje que muchos llaman juventud, pero mi sorpresa fue que tú eras el regalo perfecto para mí. Llegué a tu casa perseguida por una jauría de huracanes que lamía mis talones. Abriste la puerta justo a tiempo. Un aguacero cayó a mis espaldas, después de jalarme de la cintura para rescatarme de las gruesas gotas que amenazaban con morderme. Luego mi corazón estaba inquieto. Tú colocabas la cena sobre la mesa con tu característica paciencia y de pronto la agitación de mi respiración hizo explotar un transformador eléctrico de la calle. Tu casa quedó en penumbras y las tímidas luces de las velas bailaron ante mis ojos. Afuera, la tormenta rugía. Tomaste mi mano, era el momento indicado para escapar de la fiesta, olvidar los invitados y encerrarnos en tu habitación. O quizá no sucedió así y la memoria me traiciona. Quizá la tormenta me alcanzó y llegué empapada de ruido rosa. Abriste de nuevo la puerta y descubrí tu sonrisa escondida detrás de tu barba. Sentí tu beso y tú sentiste mi corazón latiendo en mis labios. Flotaba el olor de la comida mexicana que tus hijos preparaban en la cocina. En el vestíbulo, con una toalla me quitaste los restos de la lluvia que llevaba sobre mis hombros y fue cuando decidiste que querías abrir tu regalo de cumpleaños. Hubo un apagón de luz eléctrica y entonces te seguí como una niña húmeda de lágrimas que sale del torrente de la desgracia hacia la luz que se mira al final de la madriguera; y tú eras ese conejo blanco que perseguí hasta el País de las Maravillas. Quiero pensar que así fue. Quiero creer que la lluvia de oro y el conejo blanco existieron.

Tiempo después me dijiste que querías quedarte para siempre en mis ojos porque nadie te había visto de ese modo, porque nadie te había desnudado por dentro de esa manera. Estoy segura que nadie más me había confesado un deseo como ese, con esa transparencia e intensidad, con ese gesto de manos extendidas que solo se realiza frente a las fieras. Y yo era esa fiera que te miraba a través de las heridas. Desconfiada. Siempre lista para huir. Tu estrategia funcionó: no había lazo que sujetara mi cuello, solo tus manos abiertas frente a mí y la opción de irme cuando quisiera. Y nunca quise irme. La libertad empezaba contigo. La felicidad llegó y me iluminó, pero conmigo también llegó el escándalo: tu madre deshojando tu rosario de fracasos anteriores, mi madre diciendo que no hay parejas perfectas y felices, tu jefe y la gente acusándote de estupro… Sin embargo, nunca soltaste la textura de mi piel, ni dudaste de mi corazón, ni me escondiste del mundo, ni te avergonzaste de mi pasado lleno de borrones y puntos apartes. Nunca pusiste en tela de juicio nuestra relación. Siempre decías que hiciera de mi vida lo que yo quisiera, que tú necesitabas a una compañera feliz y no una amargada que te reprochara las cosas que pudieron ser. Tú sabías como conservarme junto a ti, como hacer cosas nuevas, como sentir que lo nuestro apenas iniciaba a pesar de los años. Nunca necesite cargar tu apellido, ni llevar un anillo, ni te hubiera permitido subirme a un altar; hubiera odiado de ti la mínima insinuación. Simplemente nos queríamos cerca, adorábamos el olor de nuestra piel, nos gustaba despertar abrazados y eso bastaba. Nuestro lazo era más fuerte que cualquier papel y firma legal.

“Te amo. Cuando vuelva, iremos al mar”, dijiste la última vez que hablamos, parados sobre un pequeño pedazo de tu lucidez que se derretía, aceptando que esa luz venía por ti y aceptando que no podías llevarnos contigo. Nunca me habías dicho que me amabas, solo allí te creí. Fueron casi nueve años esperando oír esas palabras. Casi nueve años sospechando que vivía en un sueño y fue duro despertar (regresar al mundo) trayéndome una hija. Tu hija, que es lo único que salvé del naufragio, lo único palpable y dulce que me queda de ti, que me sujeta, que me resucita cada vez que me mutilo, que me mantiene cuerda.

A veces regreso el tiempo y te encuentro en los lugares insospechados. La forma de mirar sobre tus anteojos, o  la manera de dejar tu pluma fuente para prestarme atención, o tu forma de pedirme la sal cuando cocinabas. O esa risa introvertida y malvada cuando decías una broma, ese humor negro que te divertía y te metía en problemas, tu destreza para salvar tus planes, tu brillante inteligencia para reconocer el talento, para negociar, para sacar lo mejor de la gente, para descubrir la verdad que a veces te dolía. Tú y tu Borges, y el periodismo de escritorio, y la patada de Van Damme, y la pintura de Salarrué, y tu padre muriendo de cáncer, y tu novela sin terminar, y tu Buzz Lightyear, y tu Vaio verde, y tu forma ácida de defenderte de los insultos. Tú y tu exilio, tu guerra vigente, tus ganas de comer helado con almendras, tu Bach tocando una sinfonía para ese Dios que intuías, o la muchacha en la ventana, o el color del hilo conductor de tu historia, o tus zapatos comprados en Francia, o la noche eterna de tu infancia… Allí te encuentro y sé que a las 4:20 de la mañana (tu hora favorita para irte a dormir) es el momento donde nos vemos diariamente y pasamos juntos revista de las cosas que me faltan por vivir. Pero cuando la vida me quiebra, creo escuchar un murmullo en la madrugada que me dice: “Ni se ocurra seguirme. Vive. ¡Y no chilles!”. Sigo tu consejo, pero vivir es la tarea más difícil que pudiste encomendarme.

Cumplirías 57 años, amor. Después de ti no me alcanza el olvido.

*Referencia al poema Aire de nocturno del Federico García Lorca: …¿Qué es eso que suena/ muy lejos?/ Amor. El viento en las vidrieras,/¡amor mío!/Te puse collares/con gemas de aurora./¿Por qué me abandonas/en este camino?/Si te vas muy lejos,/mi pájaro llora/y la verde viña/no dará su vino..

 

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Un comentario el “17 de agosto de 2016

  1. Osmin Magana
    22 agosto, 2016

    Rafa me había contado la historia de cómo la lluvia te había empapado, pero no conocía todos los demás detalles, ni lo de la falla del transformador, ni la comida mexicana.

    ¡Ay! Ya me recordaste a Rafa y sus pequeñas composiciones musicales en la computadora, con los “loops”, su blues y su guitarra.

    Le gusta a 1 persona

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Esta entrada fue publicada el 17 agosto, 2016 por en Uncategorized.