KRISMÁTICA

El tintero de Krisma Mancía

Escribir es la manera más cruel de ser feliz

maquina

La sociedad le exige al escritor ser productivo, ser una máquina brutal al servicio de la demanda. La sociedad, la gente común, la gente que nunca ha escrito una novela, un cuento, un poema piensa eso de los escritores.

Voy a recrear un poco, reafirmar, que el oficio del escritor es la manera más cruel para llegar pronto a la muerte prematura, una muerte sin gloria. Una persona que nunca ha escrito jamás se entera que cuando lee un texto son horas de un esfuerzo descomunal. Son horas y horas que se sacrifican por una palabra y decenas de cajetillas de cigarros fumados, litros de café tomados y dolores musculares a montones. El escritor se prohíbe hasta ir al baño, comer o beber agua… Hoy, por ejemplo, mi hombro derecho sufre mientras tecleo y nadie de mis lectores sería capaz de salir de casa a medianoche para traerme una docenas de pastillas, y sólo me queda rumiar este dolor porque tengo que hacer lo que me apasiona: escribir.

Muchas veces me he preguntado: ¿qué quiere la gente de mí? Y varias veces, muchísimas veces, las personas acuden a mí pidiéndome materiales literarios, me piden que publique en este blog lo nuevo que he escrito, me piden que participe en antologías y hasta me ofrecen publicaciones virtuales… y yo no sé qué hacer con tanta demanda. Lo peor es que casi todo me lo piden gratis y se me dice que el material debe ser inédito. Llego a sospechar que son situaciones fuera del orden literario y de que hay un complot para saber qué es lo que estoy produciendo, o, que quizá la CIA anda detrás de mis pensamientos. Puras paranoias, pues. Luego, hay gente que sólo me escribe para saber a dónde pueden conseguir mis libros y me duele en el alma decirles que mis dos libros están agotados. Otros me preguntan que para cuándo un libro nuevo y yo no tengo salida más que decirles la verdad: cuando halla una oferta razonable. Y en el caso de la poesía las ofertas escasean, mas cuando las casas editoriales se interesan por poetas consagrados o por los que ya son emblemáticos o fallecidos. He visto que es más importante un poeta inédito y muerto, que uno joven y vivo. Así que no me preocupo. Total, que estando muerta tendrá más valor mi obra, pues de mis huesos harán un mito o algo por el estilo. No me preocupo por publicar, ya para qué… si cada vez que publico un libro saltan las ranas, se encienden las fogatas y me hacen juicios y ejecuciones gente que se cree en la libertad de criticarme en lo personal y no el libro que me ha costado años escribir. Y al final… ¡Que se pudran los libros inéditos! ¡Que mi hija los esconda antes de que su madre vieja y loca se le ocurra quemarlos en el jardín! Pobre hija mía, lo que tendrá que soportar (me).

Todo lo anterior lo expreso con mucha tristeza, porque es verdad que hay presión social hacia los escritores. Presión de publicar; presión para hablar en público y enfrentar entrevistas con malos periodistas; presión para soportar a tanto farsante suelto que anda por la vida diciendo que son escritores, críticos, filosofos o estudiosos de la obra de otros, cuando ni siquiera ellos saben qué es escribir un texto respetable ni entienden qué es en realidad un acto de creación artistica; presión hasta para hacerte famosa y popular, y eso me da gueva. No, no quiero ser famosa. Quiero ser lo que soy. Quiero que entiendan que ser escritora no es un juego. Tampoco es un juego ser actor, cantante, bailarín, músico, pintor o escultor. La vida en el arte es dolorosa y nadie más lo puede entender si no eres un artista.

La gente te dice: “si eres artista, te mueres de hambre”. Pues sí, te mueres de hambre, pero feliz de entregarle o devolverle al mundo un espejito donde se vea las virtudes y los defectos. Feliz, porque hiciste lo que creíste que era correcto. Feliz, porque en nueve años que llevo escribiendo, formándome como escritora, no me he muerto de hambre. No me moriré, porque tengo la línea de la vida larga en la palma de la mano, tan larga que no será nada fácil deshacerse de mí.

Y contestaré las 10 dudas:

1. Sí. Publicaré un nuevo libro. No sé con quién. No sé cuándo. No sé y no me importa. Pero sé que cada minuto que pasa se acerca más el momento. Solo es cuestión de empujar la puerta adecuada.

2. Sí. Tengo listo un libro inédito y otros tres en el tintero.

3. No. No publico textos literarios en este blog, porque no quiero y porque respeto mi trabajo. Publico ejercicios literarios, pero no textos ya terminados.

4. Sí. Soy una vanidosa, egocéntrica, perfeccionista,  mala persona cuando a lo literario se refiere. Porque sé, soy sincera, cuando un texto está bien escrito y cuando no. Y si me preguntan qué pienso de equis texto de tal escritor diré lo que realmente pienso.

5. No. Ser mujer y madre no me ha limitado a escribir lo que se me ha dado la gana. Se escriben tantas cosas bellas con ayuda de la poesía y no importa el Género.Quien se limita es un (a) cobarde.

6. Sí. Me cuesta escribir. Quizá porque me pongo retos en el lenguaje y en la forma. Un poema con técnica repetida o fórmulas copiada inconscientemente es para mí un fracaso. Mi objetivo es evolucionar, dar un salto, pulir mi propio estilo y para eso hay que desafiar limites, romper moldes y eso duele. Pero aunque duela, hay que seguir. Y a mí me duelen muchas cosas que no pueden ser publicadas sin pasar el filtro del tiempo, la reflexión y la autocrítica.

7. Sí. Leo mucho, escribo poco y corrijo los textos mil veces. Es parte del oficio. Sin embargo, aprovecho y aclaro: no soy fan de los escritores salvadoreños. ¿Por qué? Porque eso es limitarse en el universo de la literatura. Tengo la impresión de que debo aprender  y enriquecerme de otros escritores que están fuera de nuestras fronteras y que tienen otra visión de mundo y de vida.

8. No. No me creo que sea la mejor poeta del país, aunque las personas que saben de mi trabajo me lo digan con la buena intención de alentarme y alagarme. Pero sé que hay poetas que tienen mucho talento, son más inteligentes, que tienen mayor suerte y que son más jóvenes o más experimentados que yo. Saber eso me mantiene con los pies en la tierra, porque es una buena señal de que la expresión poética del país no se estanca y que esa gama de voces hacen que el panorama cultural se extienda.

9. No. El trabajo que realizo fuera de la literatura y que paga las facturas del mes, no interfiere en mis textos. Pero sí, la vida. Para mí escribir es parte de la vida. No todo es ficción. No todo es inventado. Hay que vivir para que la literatura se sostenga y no sea vacía.

10. No. Un texto que no me conmueva ni me duela, no vale la pena. Tengo una regla cuando escribo: si no me rió, lloro o muestro mis víscera mientras estoy escribiendo un texto, mejor no lo sigo. La poesía es igual que el amor: exige que te entregues por completo. Con ella no hay medias tintas. Tengo que estar dispuesta a ganar o a perder, y generalmente pierdo y hay que ser una buena perdedora.  Lo peor es que nunca sabes cuántas veces ganas la partida, ni cuáles son los premios. Simplemente me permite tener un sentido para existir y ser feliz.

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Esta entrada fue publicada en 13 febrero, 2014 por en Uncategorized y etiquetada con .